Algunas experiencias en la reconstrucción de desastres | México
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Algunas experiencias en la reconstrucción de desastres

13-10-2017
Todavía no se terminaban de contabilizar daños cuando el  19 de septiembre, día en que se conmemora el 32 aniversario del peor terremoto que había ocurrido en la Ciudad de México, y a sólo a 2 horas de haber hecho el simulacro, comenzó otro más.

Se podría pensar que la magnitud de 7.1 a comparación de la magnitud en 1985 de 8.2 no alcanzaría a dañar a los edificios, sin embargo, éste fue más fuerte, debido a la localización de su epicentro entre Puebla y Oaxaca, a escasos 123 km de la Ciudad. Si bien la aceleración en 1985 fue de 32 gal, éste alcanzó  los 60 gal, dejando daños que todavía no se terminan de calcular en 3 estados más y 307 muertos contabilizados hasta hoy.

¿Estamos preparados para reaccionar ante un desastre de esta magnitud?

Lo que hemos podido analizar en los días posteriores es que la sociedad  civil mexicana, unos más conocedores que otros, y otros más, simplemente por el ánimo de ayudar, salieron a las calles a quitar escombros, a sacar a aquellos quienes quedaron atrapados en los edificios y a preparar ayuda humanitaria para llevar a todos los lugares donde se requería. La alta participación de la sociedad civil no dejó visualizar el alcance que hubiera tenido el gobierno federal y estatales de haber tenido que actuar solo, pero lo que es evidente es que sin la sociedad civil las labores no hubieran sido tan rápidas y eficientes.

Sabemos que el cambio climático está incrementando la intensidad y periodicidad de los eventos naturales. La Madre Tierra está hablando, las culturas indígenas de Guerrero dicen que “La Madre Tierra nos está dando lo que le hemos dado”, tanto en este estado como en los afectados por el sismo: la Ciudad de México, Puebla, Morelos, Oaxaca y Chiapas, hemos podido ver que los efectos de los desastres se relacionan a causas de la actividad humana.

Cuando llegamos a la Montaña de Guerrero en 2013, era la primera vez que dos huracanes impactaban al mismo tiempo a México, uno por el Golfo de México y el otro por el Océano Pacífico, dejando con graves daños a 12 municipios.

Tan pronto como comenzamos el diagnóstico a lo largo de distintas comunidades, supimos que el desastre estaba relacionado a deslaves en tierras deforestadas o cercanas a los caminos. Analizamos también los cultivos de maíz y encontramos que los campesinos utilizaban agroquímicos lo cual erosiona la tierra provocando más deslaves y que las viviendas no solo estaban dañadas por los huracanes, sino por los constantes y fuertes sismos, pero debido principalmente a la pérdida del conocimiento constructivo tradicional, supimos entonces que había que hacer un proyecto integral de reconstrucción.

En el caso de las zonas rurales del Istmo de Tehuantepec en Oaxaca, ahora afectadas, sabemos que la marginación es una condicionante para llegar a todos los lugares, más aún cuando los caminos y puentes colapsan y que la misma marginación complica también la situación de post desastre de las familias. Sin embargo, es donde Cooperación Comunitaria tiene ya experiencia y ha comenzado ya a trabajar en labores de diagnóstico para conocer no únicamente los daños causados por los sismos, sino a clasificarlos y con ayuda de ingenieros civiles para entender las causas que ocasionaron las fallas en las estructuras. Esto con el fin de poder reforzar los sistemas constructivos tradicionales contra sismos y vientos fuertes y reconstruir de manera segura.

Más allá que los diagnósticos nos muestran los sistemas constructivos tradicionales de los cuales CC cuenta ya con una vivienda sísmica. Los medios de producción, hornos tradicionales, donde se fabrican totopos, han sido también dañados, por lo que es indispensable, primero reactivar la economía a través de la reconstrucción de los medios productivos. Después hacer espacios comunitarios que sirvan como talleres de construcción en la técnica constructiva reforzada, de ladrillo seguramente, así como de espacios de refugio para las familias que quedaron sin nada. Por último la reconstrucción de viviendas por etapas y ello porque en el Istmo de Tehuantepec, se calculan 12.800 viviendas dañadas.

La experiencia de Guerrero nos ha dejado lecciones importantes:

1. Los desastres causados por eventos naturales han incrementado, así como el impacto humano en la Tierra, y esto se relaciona a la pérdida de conocimiento tradicional indígena, y a la pérdida de la relación entre los humanos y la Tierra, por lo tanto la naturaleza.

2. La participación de la mayor parte de las poblaciones afectadas en los procesos de reconstrucción es indispensable. Eventos de desastre como estos son también una oportunidad de organizarnos, solidarizarnos y reconstruir relaciones entre la población y  un mejor entendimiento de su relación con la naturaleza. Es la única manera de aprender a ser resilientes.

3. Los proyectos de reconstrucción de vivienda temporal implican un gasto de recursos que terminarán en la basura o en el peor de los casos volviéndose vivienda permanente que al no haberse considerado así desde el principio termina siendo inadecuada a las condiciones sísmicas, climáticas y menos aún culturales. Ocasionando a la larga que las familias vivan en un estado de precariedad, tal como se trató en repetidas ocasiones durante el Foro de Medio Ambiente y Emergencias, celebrado del 25 al 28 de septiembre, en Nairobi.

4. En las zonas rurales la cultura es un factor fundamental de donde debe partir cualquier proyecto de reconstrucción, desde su percepción del riesgo, indispensable para la generación de programas de resiliencia, prevención y gestión del riesgo, y sobre todo para el diseño de la vivienda. 

Porque no estamos reconstruyendo únicamente estructuras sino modos de vida, porque no solo reconstruimos viviendas seguras, sino mejores relaciones entre la población, entre la comunidad y también entre los seres humanos y la naturaleza.

* Parte de este articulo retoma el discurso pronunciado por Cooperación Comunitaria, el pasado 26 de septiembre en Nairobi, Kenya , tras ser galardonada con el Premio Green Star Award, otorgado por las oficinas de Medio Ambiente y Emergencia Humanitaria de la ONU y Green Cross International.