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Nueva Ley Forestal, una ventana de oportunidad para nuestros bosques

12-07-2018
Dr. en Derecho. Juan Carlos Carrillo Fuentes CEMDA
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¿Cuando observas un árbol, qué ves? Quizá el recuerdo de un columpio en la infancia, sombra en un día de mucho sol, los frutos que ofrece, el hogar de animales y otras plantas, el aire que purifica, los muebles que provienen de su madera, el calor que ofrece su leña, la riqueza del ecosistema, la evolución de las especies, la manifestación de la Pachamama… 

A lo largo de la historia del ser humano, los árboles, bosques y selvas han cumplido un papel vital tanto a nivel comunitario, como individual. Brindan una gran diversidad de bienes y servicios ambientales, y cumplen un papel esencial para la vida de las personas, así como iniciativas para combatir la pobreza. De hecho, son los medios de vida de comunidades que dependen de los bosques, no sólo por comida, sino para combustible, forraje para el ganado, medicinas, agua, madera y refugio, entre otros aspectos1. 

El Banco Mundial señala que los recursos forestales contribuyen directamente a los medios de vida de 90% de los 1.2 millones de millones2 de personas que viven en la pobreza extrema, de los cuales 200 millones son pueblos indígenas.3 

En México existe una muy estrecha relación entre la cultura, la naturaleza y el territorio donde la gente vive, particularmente en las comunidades forestales, sean éstas ejidos, comunidades agrarias o pueblos indígenas. Generalmente, la profunda relación con la tierra y los recursos naturales, no sólo es socio-económica sino que adquiere dimensiones espirituales y determina la manera de entender la vida, lo cual incide de una u otra manera en el manejo del ecosistema forestal que realizan.

En el último siglo, muchas comunidades vieron sus derechos seriamente afectados por concesionarios y políticas de conservación4; de hecho, es hasta la publicación de la Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable (Ley Forestal) en 2003, que se reconoce la propiedad de ejidos, comunidades y pueblos indígenas sobre los recursos forestales en sus terrenos.

En el manejo del territorio forestal coinciden el Derecho Positivo mexicano con el sistema de Usos y Costumbres. Mientras el primero es un sistema codificado, con perspectiva individualista, orientado a la producción de bienes y servicios, y relaciones jurídicas patrimoniales; el segundo, son las tradiciones particulares que regulan cada comunidad.

Es decir, mientras que la ciudades y cadenas productivas del mundo urbano, se basan en la propiedad privada sobre los recursos, mediante contratos a partir de derechos individuales; por otro lado y al mismo tiempo, existe un gran número de pequeñas comunidades forestales que generalmente cuentan con un sistema básicamente oral, con tradiciones, actividades, derechos y obligaciones específicos, pero prácticamente todas ellas desde una perspectiva comunitaria. 

Al abordar temas relacionados con los derechos sobre la tierra y los recursos naturales, resulta indispensable construir puentes entre las dos perspectivas y sistemas jurídicos coexistentes (derecho positivo y derecho consuetudinario de las comunidades forestales). Cada cosmovisión se ve reflejada en una manera de entender la naturaleza y concebir la ética humana, los derechos y responsabilidades totalmente distintas, pero que deben compaginarse para lograr un manejo de los bosques que permita su conservación  al mismo tiempo mejorar la calidad de vida de las comunidades forestales.

Es bajo este contexto que el pasado 5 de junio del 2018 fue publicada una nueva Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable, misma que promueve tanto la competitividad económica del sector forestal en México, como el Manejo Forestal Comunitario como política pública que fomente el respeto a derechos y formas de organización, el aprovechamiento sustentable y la protección de los bosques en el país.

La elaboración de la nueva Ley, fue un proceso largo y complejo. En su revisión, el Pleno del Senado aprobó un texto que retoma cerca de doscientas modificaciones, algunas de último momento, lo cual generó errores de redacción e incluso contradicciones.

Dentro de los avances más importantes de esta nueva Ley en materia forestal podemos destacar una visión de sustentabilidad a partir del manejo de los bosques y selvas; es decir, promover un adecuado aprovechamiento del bosque como una medida de conservación del mismo. En este sentido, la política nacional debe promover el manejo forestal comunitario y otros instrumentos de política pública, que contribuya a mejorar el ingreso y la calidad de vida de las personas que participan de actividades forestales y que también promueva la generación de valor agregado en las regiones boscosas del país, diversificando así alternativas productivas y fuentes de empleo.

El siguiente paso es desarrollar un reglamento para la Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable  que permita implementar de manera adecuada la nueva ley y cumplir los objetivos planteados.

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1Véase: http://theredddesk.org/what-is-redd (consultado el 1 de noviembre de 2015).

El texto consultado en inglés señala literalmente: In developing countries about 1.2 billion people rely on agro-forestry farming systems. 

3The World Bank. Sustaining forests. A development strategy. (2004).Pág. 3. Véase: http://www.forestpeoples.org/sites/fpp/files/publication/2012/05/forest-... (consultado el 1 de octubre de 2015).

4. Corbera, E.; Estrada, M.; May, P.; Navarro, G.; Pacheco, P. Derechos a la tierra, los bosques y el carbono en REDD+: Lecciones de México, Brasil y Costa Rica. CIFOR. (2011). Pág. 216. Véase: http://www.cifor.org/library/3648/derechos-a-la-tierra-los-bosques-y-el-... (consultado el 19 de agosto de 2015